El pintor, si está destinado a dejar huella, debe fundamentar su andadura haciendo hincapié en algún aspecto externo de “la naturaleza”, o, interno de “su naturaleza”.
El pintor Teosanz está a caballo entre la supradependencia de la naturaleza al arte, en el sentido que apuntara Oscar Wilde y las teorías freudianas sobre el mundo onírico que dieran paso al surrealismo. Teosanz analiza la naturaleza y la estructura nuevamente de forma mágica
combinando así la visión sencilla del mundo que le rodea con una profunda reflexión, obteniendo como resultado una nueva dimensión donde conviven la fantasía, el entusiasmo y lo inesperado, con el amor sereno y lleno de humanidad que encierra el corazón de este artista que se exalta y se desvela ante todo aquello que tiene un pálpito de vida. Su paleta, definida en sus comienzos por tonos fríos,
ha ido enriqueciéndose al paso del tiempo con la adición de tonos dorados y tendencia cálida;
estos nuevos colores han sido añadidos a su paleta habitual en función de la necesidad interior de exaltar la vida, habiendo logrado que convivan en feliz armonía con sus entrañables azul-violetas y violeta-rosados.
Como resumen podemos decir que Teosanz es un pintor nacido de la tierra y a ella le escribe sonetos y para ella compone sus melodías en clave pictórica ¡ Disfrutemos de su pintura!